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Desmontando al socialismo

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El socialismo es la imposición metódica y progresiva de todo aquello que va en contra de las libertades, mediante la institucionalización de la violencia, el abuso de poder y la desigualdad. En una sociedad colectivista y planificadora, el Estado elige por uno, la ley le garantiza intervenir en lo privado e íntimo del individuo (las relaciones familiares se endurecen y la vida mental interior queda para ser sólo un elemento inerte, lleno de angustia por no poder materializar ningún pensamiento ni deseo personal), prohíbe acciones y relaciones por libre contrato, voluntarias y provechosas, e impone acciones y relaciones no deseadas, violentas y nocivas.

En economía destruye la riqueza. El socialismo es imposible a causa de que el cálculo económico racional no puede realizarse sin propiedad privada y libre mercado. Las soluciones intermedias, donde el Estado interviene en la economía, por ejemplo, son inestables y pueden derivar hacia el totalitarismo. Con el paternalismo, el gasto público es abrupto, se imprimen billetes para mantenerlo a flote, los impuestos son desmedidos y la consecuencia es el aumento de la inflación y la disminución del poder adquisitivo. La sociedad sucumbe en caos ante la escasez de productos. En este contexto, la mujer empobrecida y sin acceso a la educación, tiene embarazos no planificados y da hijos que pasan hambre y necesidad; otras, por el contrario, se mantienen precavidas de tener familia para no suprimir las pocas libertades que le quedan.

En este sentido, Hayek en La falta arrogancia mencionaba que en un Estado que controla la vida económica debe también controlar todos los medios y todos los fines, como también aquellos quienes han de satisfacer sus necesidades y aquellos quienes no. Esto afecta indudablemente nuestra libertad espiritual, puesto que el planificador necesita una opinión común sobre los valores esenciales y para ello educa seres sin criterio propio.

Como ideología es un fracaso. El Estado socialista se siente en la potestad de quitarle propiedades a unos para dárselas a otros, sin remordimiento alguno, ya que la justicia social es lo que cuenta; no el esfuerzo de aquel que ahorró y logró ofrecer bienes y servicios sin ayuda. Un Estado socialista ofrece educación, atención médica, jubilación; todo socializado y controlado. Es así como el socialismo nos ha dado constituciones y leyes viciadas, así como conocimiento falso, impulsado por la educación a manos del Estado intervencionista.

Por ejemplo, en Filosofía eliminaron al realismo, objetivismo y racionalismo, que fueron sustituidos por los escepticismos, misticismos, relativismos y subjetivismos (agrupados bajo el nombre de posmodernismo), negadores de la verdad objetiva, y de cualquier capacidad de la razón para descubrirla. Las medias verdades o abstracciones teóricas prevalecen en esta ideología y las corrientes más significativas han sido el conductismo y el “humanismo” (donde el humano es más humano, algo bastante absurdo).

Otra crítica a esta ideología es la que da von Mises en su obra Socialismo respecto al materialismo histórico, que, a su juicio, reduce erróneamente la cuestión filosófica espiritual a lo corporal. Para von Mises, Marx “estaba hechizado por las palabras mágicas `producción material´. Material, materialista, materialismo, eran los términos filosóficos de moda en su época y no pudo escapar a su influencia” (p. 357). El materialismo histórico no tiene idea sobre la dificultad de los problemas. Las fuerzas de producción son producto del pensamiento humano y buscar su origen fuera de ello lo encierra en un círculo vicioso, lo dirige a la falacia de petición de principio.

Un su segundo aspecto criticado por von Mises es que el materialismo histórico presenta el interés de clase como determinante del pensamiento, pero no es más que “el simple producto del odio de los capitalistas del dinero contra los propietarios rurales” (p. 359). El socialismo es una retórica en favor de una falsa igualdad. Por un lado, están los empresarios, los trabajadores, los particulares, pagando grandes sumas de dinero en impuestos para sobrevivir en una economía mantenida con dinero inorgánico. Por otro lado, los verdaderos burgueses, los gobernantes llenos de lujos, viajes, autos, todo costeado por los impuestos.

Yorbis Esparragoza
Soy Licenciada en Filosofía, actualmente me dedico a la investigación desde la doctrina liberal clásica.

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