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La felicidad colmada de insatisfacción

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Woman day dreaming

¿De dónde provienen esos inductores de dificultad existencial (IDE) que desde los ámbitos de la virtud y de la concordia, están afectando a los individuos y a sus familias y que han desembocado en el estado de caos espiritual, teológico, social, cultural, político y económico que acechan perversamente desde hace décadas y hasta la actualidad, al futuro de la humanidad?

Dar respuesta a ésta pregunta por supuesto que será complejo, pero se emprenderá la tarea de alcanzar la máxima aproximación que sea posible a ésta, con esmero y de forma creíble. Se propone iniciar la búsqueda definiendo primeramente, qué es un inductor de dificultad existencial: es un embobinado de falsas ideas que han sido, por decirlo de alguna manera, «validadas» una a una (cada espira, una idea) por un grupo de intelectuales con intereses ideológicos y político—operacionales, que induce corrientes de pensamiento disruptivas respecto de las tradiciones de occidente y, la más de las veces, disociativas con el entorno real y en favor de su entendimiento desde cierta virtualidad o falsación epistemológica de los hechos. Así las cosas, los inductores de dificultad existencial (IDE) provienen de una agenda y el objetivo principal de esa agenda es que la intraductibilidad de la realidad—como—es por medio de la razón al lenguaje común, sea progresiva día con día.

Estos IDE, como herramientas de dominación permitirían (en teoría) que a conjunto de personas-objetivo-promedio, les fuese muy difícil entender con orden y sensatez, los principios que generan la realidad. Habría que precisar en este punto, que la realidad es una manifestación fenoménica resultante de las múltiples interacciones en el sistema verdad (axiomas de la naturaleza interactuando con los de economía y los de socialización) que, desde la década de 1960, se ha intentado desacreditar como método para penetrar el entendimiento de la continuidad del tiempo en el espacio, a partir de una verbalidad extravagante, con el leitmotiv «todo es un constructo social, incluida la ciencia exacta porque es consensuada», que ha promovido un grupo de académicos entre los que destaca Jürgen Habermas.

Habermas, ha pretendido liderar grupos académicos vinculados con un cierto grupo empresarios y políticos alrededor de la idea consistente en que la realidad sólo es analizable desde realidad misma, «entendiéndola» a grandes rasgos, como el producto de la coordinación de intereses ideológicos de distintos grupos sociales. Evidentemente, estos exóticos investigadores se la pasan escarbando entre muchas teorías (metafísicas todas), tratando de extraer todos aquellos justificantes pseudoaxiomáticos que «demuestren» que existe una cierta ciencia burguesa: para ellos, la ciencia exacta no es amoral: todo lo contrario.

Para validar sofismas imposibles de demostrar como teorías factibles o demostrables cuantitativamente y procurar que tengan la misma significación de un axioma, Habermas diseñó unas mal llamadas «técnicas» a las que llama operacionalización de variables cuantitativas: categorización y triangulación, fundamentadas en una dialéctica y hermenéutica hegeliana, efectuando para esto, una clara maniobra de chantaje intelectual, puesto que si las ciencias exactas para él son consensuadas y que es exclusivamente por ello que éstas tienen el carácter de axiomas, pues, ¿por qué no ha de serlo también la ciencia marxista y ser considerada axiomática, respetable? Él mismo ha afirmado que «los diseños científicos y, por tanto, los modos de hacer ciencia no son política ni ideológicamente neutrales» figurándose que había hecho el hallazgo de «una relación funcional entre conocimiento e interés que guía cada investigación». A partir de ésta opinión, pretende convencer sobre que «cada conocimiento está asociado a un interés, ya sea técnico, práctico o enmacipatorio» (revísese los avances en la teorización de una especie de «secularización» de la libertad por parte de la Escuela de Frankfurt, que se la quiere quitar al individuo y entregársela al estado no como garante, sino como proveedor) Así, mientras que para los liberales, liberar significa zafarse de la excesiva intervención estatal, para los neomarxistas, liberar significa descargarse de las ideas opresoras de occidente como el capitalismo, el patriarcado y el civismo.

Paralelamente y desde entonces, este gremio de pensadores neomarxistas y desconstruccionistas dirigidos por Habermas, se ha dado a la tarea de promocionar desde las tribunas universitarias, la artificial noción de que los títulos académicos tienen algún carácter nobiliario o que sirven de patente de corso, que se entrega a los bien «educados» en sus programas de adoctrinamiento para la formación de cuadros izquierdistas. Embebidos en este contexto, se clasificará a los participantes durante el proceso de adoctrinamiento según las actitudes y aptitudes demostradas por cada uno de ellos para irlos colocando según los intereses de la nomenklatura, en distintas posiciones de importancia: los más dotados intelectualmente, pasarán a ser miembros de una especie de asamblea intelectual permanente de adhesiones a sofismas a desplegarse lo más pronto posible como verdades; los que ponen de manifiesto ciertas capacidades supervisorias, hasta se los asciende a operadores políticos que van a ocupar cargos de relevancia en la mayoría de las instituciones, con el propósito de regular las «correctas corrientes de pensamiento» que han sido bajadas del ente ideológico identificado líneas atrás para «orientar» la vida de las personas—objetivo—promedio, hacia supuestos estadios superiores de existencia, en un claro ejercicio de manipulación jurídica, ética, moral y emocional. El resto, (los menos aptos) serán cuadros «tolerables» para rellenar las marchas y desfiles, así, como los pixeles rellenan las imágenes digitales trucadas.

Ejemplos de resultados de lo dicho anteriormente, se pueden obtener de las experiencias registradas hasta hoy en los distintos ciclos de la educación izquierdo—estatizada de Venezuela: maestras de educación inicial que ejercen el papel de operadores políticos: ponen a los niños que tienen a cargo, a pintar el rostro de Hugo Chávez para reforzar aquella omnipresente imagen en sus cándidos pensamientos con la intención de que facilite principalmente, la prematura introducción en ellos de «sofismos consensuados»: hacer creer desde niños que las ideas políticas, económicas y de organización social del «comandante eterno», son axiomáticas lo que dificultaría en el futuro, desaprender dichos paradigmas; en primaria, se obliga a los niños a recitar y reflexionar sobre eventos que favorecen la tolerancia a las ideas despóticas basadas en mitos polítiqueros; en la educación media, se pretende suprimir el estudio de las ciencias exactas por un pensum cuyo carácter reformativo del semblante ciudadano, se orienta a suprimir la racionalidad y potenciar el fanatismo político, incrementar progresivamente la dificultad para la reflexión lógico—abstracta y, finalmente, causar una dislexia endémica, que conllevaría a que las personas—objetivo—promedio perdieran de forma sostenida, el interés por la investigación, por el desarrollo de la autonomía personal y, por supuesto, renuncien al amor propio asentado en la lucidez. Así las cosas, ya llegados a la «Universidad», es muy probable que muchas cátedras pretendan relacionarse, incluso, de forma ridícula con el Plan de la Patria, cuyos resultados finales, son «Trabajos Especiales de Grado» y «Proyectos Factibles» sin aplicación práctica y que no representan de ninguna manera, un aporte apreciable a la acumulación utilitaria del conocimiento.

Lógicamente, la configuración de éste medioambiente disociador induce el divorcio entre la persona y el razonamiento, lo que (en teoría) la conduciría a someterse voluntariamente a los dictados de un sistema sociopolítico y económico (el socialismo) basado en el condicionamiento fisiológico clásico: esperar que le sean satisfechas única y exclusivamente por el Estado benefactor, sus necesidades básicas de alimentación, asistencia médica, vivienda, «educación», transporte y recreación, para lo cual, estaría dispuesta a privarse de otras cotas de satisfacción más completas, derivadas de un plan propio: de encontrarle propósito a la vida. Parece claro que, el conflicto permanente que resulta de transversalizar la existencia individual con conductas inducidas desde temprana edad para que se opongan a la verdadera naturaleza humana, origina esa felicidad colmada de insatisfacción que ya conocemos de los cuadros socialistas. Lo que resulta interesante, es lo que puede traducirse como resultado final de la dominación que sobre la personalidad, ha logrado el adoctrinamiento: se puede extraer de las tendencias opináticas que derivan de la dialéctica de los cuadros socialistas cuando éstos son mayoría entre los pobladores de una sociedad tiranizada por la izquierda, ejemplos neosemánticos que son decididamente desorientadores y que son repetidos por los izquierdizados en conversaciones espontáneas, como si las palabras le provinieran del mismísimo subconsciente de forma natural: cuando quieren decir «desentenderse individual y colectivamente de las responsabilidades ciudadanas para con los más necesitados», dicen liberación; cuando quieren decir «intervención estatal omnipresente», dicen soberanía popular; cuando quieren decir «expropiación de activos y repartición de la riqueza no ganada honradamente», dicen justicia social; cuando dicen «no queremos trabajar, pero queremos que nos aseguren ingresos monetarios suficientes», dicen derechos laborales y, finalmente, cuando quieren decir «parece que el socialismo en realidad no funciona: hemos expropiado y repartido entre nosotros lo que había y ya no hay nada más de dónde agarrar», dicen corrupción.

Si bien, el mal político ha convivido con nosotros desde el principio de la vida en sociedad, nunca como ahora las nuevas tiranías han tenido tantas garantías sobre su propio futuro en la procura de ganar para sí, tiempo y más tiempo siendo el absoluto poder gracias a éstas herramientas anímicas de dominación sobre las personas, ahora, potenciadas con capacidades de integración regional (examínese la naturaleza de los sistemas de integración como la ALBA, la CELAC y la UNASUR y sus efectos en torno a la pérdida de la soberanía del ciudadano, y al deterioro sistemático del Estado de Derecho en los países adherentes) para crear un circulo de protección internacional que le aseguren una duración más dilatada, con la pretensión de ser eternas y con ellas, la aflicción existencial que caracteriza a la persona en esta época y la influencia que ésta tiene en el envilecimiento social.

Raúl E. Marval Palacios
Nacido en Caracas, el 19 de julio de 1979; poeta, ensayista, articulista, político liberal y analista de la industria de los hidrocarburos.

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