El infinito azul

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            Desde joven miraba a los halcones volando por el cielo, sin límites en su camino, solo el infinito azul.

            Abajo la vida era más complicada, reparar los canales, darles comida a los animales, ir a la escuela.

            En la escuela le contaban que Ra aparecía cada día como Kepri el escarabajo, a mediodía se volvía Ra Horajty el halcón y en la tarde era Atón el disco solar, de noche Ra dirigía su barca iluminando el mundo de los muertos y luchando contra Apofis quien cada noche desafiaba a Ra a ver si esta vez lograba impedir el amanecer.

            Su tío Ktum le hizo una cometa en forma de halcón y con su hermano la volaban luego de la escuela.

            Ya de adulto miraba al cielo cuando araba el campo. ¡Estos surcos están torcidos! Le decía su padre, así no saldrá la cosecha. Aprende de tu hermano el si tiene los pies puestos en la tierra.

            Su hermano se caso primero y heredaría las tierras de su padre, se lo decían como si fuera una grave falta suya, como si le importara.

            El se puso a hacer cometas y consiguió su propia casa en Menfis, pequeña pero suficiente para su taller. También tallaba juguetes: asnos, yuntas de bueyes, soldados, barquitos y pájaros, muchos pájaros.

            Sus favoritos eran los halcones como Ra o como Horus, cuidaba de ponerles las alas como los observaba, más anchas por delante, con partes móviles para que pudieran virar.

            Un día había gran alboroto en la ciudad, los heraldos tocaban los cuernos las personas se asomaban en sus casas. El faraón venia de visita a la ciudad. El siguió trabajando en su taller. Los guardias tocaron a su puerta y los esclavos bajaron a un niño en andas, al príncipe le gustaron las cometas que él hacía, y él le obsequio varias. Desde entonces se convirtió en proveedor de juguetes de la casa real y como tal era bienvenido en el palacio.

            Su fama se expendio como el mejor fabricante de juguetes de Egipto, y pudo ampliar el taller y llego a tener más riquezas y sirvientes que su hermano y su padre.

            Pero aun quería volar, daría todo lo que tenía por ser como el halcón y flotar sin límites por el azul infinito.

            Haciendo una prueba ato un gato a una cometa y para desesperación del pobre felino y deleite suyo logro hacerlo volar y dirigirlo a derecha e izquierda, arriba y abajo y hacerlo bajar suavemente.

            Entonces hizo una cometa mas grande, de cuerdas de cáñamo, alas de lino y armazón de cañas de papiro, con partes móviles y en forma de halcón.

            De noche subió a la pirámide del gran rey Keops y desde la cima se arrojo. Era maravilloso poder volar, sentir el viento en la cara y al fin flotar bajo las estrellas, ver el amanecer y la ciudad sus aldeanos y animales como si fueran sus juguetes.

            La gente lo miraba asombrado y lo señala maravillados ante el hombre que podía volar.

            Cuando aterrizo quisieron arrestarlo por haberse subido en la pirámide del gran rey, pero el príncipe Micerino lo defendió y el hombre volador pudo continuar sus travesías y la gente se agolpaba para verlo saltar y planear durante horas para maravilla de todos.

            Un día perdió el control y se precipito a tierra. Todos lamentaron la caída del hombre ave y el faraón Micerino declaro que siempre estaría entre las aves del cielo, acompañando a Ra en su camino. Su historia y su nombre fueron escritos en tumbas y monumentos como un ave con cabeza de hombre: Ba.

            Y Ba el inmortal se convirtió en leyenda, los griegos lo llamaron Icaro y los arqueólogos creyeron que era un mito.

Andrés González
Ingeniero de Petróleo, Geólogo y escritor ocasional de Cabimas, Venezuela, actualmente en Santiago de Chile.

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