Ala oeste

89

El trabajo de un camillero de hospital no es muy reconocido, solo llevan gente. Lo peor es cuando son emergencias y el paciente muere, hace pensar que si hubiera llegado un poco antes se hubiera salvado.

Edgar era un camillero y le acababa de pasar, el doctor Pérez le dijo que ese era el día a día, que esas cosas pasan. La idea tampoco era correr. Días después tenía otra emergencia y mientras se abría paso por los pasillos pensaba cual sería el camino más corto a ver si podía ganar tiempo y se acordó del ala oeste, una parte del hospital abandonada que nunca se termino de construir, algunos decían que el gobierno se agarro el dinero, otros decían que esa parte estaba embrujada y que cosas extrañas pasaban allí que espantaron a los trabajadores. Como era de vida o muerte Edgar se metió ahí con su enfermo y paso por entre los forros plásticos y los bombillos sin lámpara. El lugar estaba sorprendentemente limpio. Al llegar al quirófano todavía no había llegado nadie, al menos el había cumplido, luego llegaron las enfermeras, el anestesiólogo y el doctor. El paciente se salvo y Edgar siguió haciendo uso de su atajo.

Ahora siempre llegaba antes que todo el mundo, un día hasta había otro paciente en el quirófano, se extraño porque la operación estaba pautada a las 4, su reloj decía 3:55, miro el de la pared y decía 2:52.

Se dio cuenta que su reloj siempre se adelantaba cuando pasaba por ahí y le pregunto al viejo vigilante que se decía del ala oeste. Ahí había una sala de rayos X, algo paso con la maquina y decidieron remodelar el pasillo, los obreros renunciaban, decían que veían personas, escuchaban voces, y eso se quedo así.

Cuando termino su guardia Edgar se fue al ala oeste a investigar, escucho murmullos, le pareció ver sombras, y luego un silencio tan absoluto como estar metido en una caja. Entro a la vieja sala de rayos X clausurada con cintas de peligro, no tenía ni telarañas a pesar de tener años clausurada, los equipos eran obsoletos y dio un brinco cuando uno se encendió. Supuso que él no era el único que pasaba por ahí, alguien limpiaba y mantenía esto. Había pasado como 2 horas en el ala oeste y cuando salió para salir a su casa era de día y era bien tarde, no estaba cansado así que se reporto a trabajar.

Disculpe, fue que me levante tarde, le dijo a su jefa. Pero si te acabas de llevar al señor López al pabellón B, ¿lo van a operar otra vez?. A él no lo han operado, llego hoy ¿qué te pasa?. Le pregunto a alguien si no era jueves, no hoy es martes. Poco a poco se dio cuenta que de alguna manera sabía lo que iba a pasar o la otra posibilidad es q hubiera vuelto 2 días al pasado.

Durante mas lo comprobaba mas se convencía de que estaba antier, el periódico era de antier, llovió como antier, así que dejo el hospital e hizo lo más sensato: comprar el boleto de lotería que saldría para mañana.

Andrés González
Ingeniero de Petróleo, Geólogo y escritor ocasional de Cabimas, Venezuela, actualmente en Santiago de Chile.

COMENTARIOS