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La familia destruye al socialismo

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Para el marxismo, el capitalismo debe eliminarse y la familia, siendo su pilar fundamental, debe desintegrarse. John Stuart Mill El sometimiento de la mujer indica, por el contrario, que “La familia constituida sobre bases justas sería la verdadera escuela para las virtudes propias de la libertad” (p. 76). La familia da al individuo lo necesario para que se desenvuelva libremente en sociedad, respetando los principios éticos de no maleficencia, beneficencia, respeto a la autonomía de los demás y justicia.

Si no hay familia que adopte estos principios ¿qué tipo de individuo sale al mundo? Para complementar la tarea a la familia, Martha Nussbaum en su libro Las mujeres y el desarrollo humano dice que se tienen que cultivar ciertas emociones y enseñar a la gente a entrar en empatía en la vida de otros, mientras que Mill diría que es necesario el refinamiento emocional con la educación estética, que comprende la poesía, música y arte Entonces ¿quién se cree la maravillosa idea de que la crianza de un hijo debe darla el Estado? sólo aquel que no quiere hacerse cargo.

Una figura que ayudó al marxismo a su cometido fue Simone de Beauvoir, considerada como una gran influencia del movimiento feminista de la mitad del siglo XX, y también como la responsable de trastornar las mentes de muchas mujeres con su postura antimatrimonio, antifamilia y proaborto. En suma, su legado fue que una mujer es dueña de su cuerpo y sin consentimiento del padre puede abortar. Ni el tabú del acto, ni la religión, ni la conciencia impactan actualmente en la actitud disipada de muchas.

La irresponsabilidad y egoísmo de semejante pensamiento es abominable. ¿Quién puede confiar en una proabortista? Al respecto es importante acotar que el principio liberal laissez faire (dejar hacer) noaplica para este caso, porque una cosa es liberalismo y otra es libertinaje entendido este último como hacer lo que te da la gana, con quien te da la gana, a la hora y en el lugar que te da la gana, sin medir las consecuencias. Un proabortista es alguien que niega la vida y eso es absolutamente antiliberal.

La tendencia de no tener hijos es palpable; de acuerdo con un reportaje de Enrique Müller en el diario El País, Alemania, por ejemplo, ya no tiene guarderías. El 20% las mujeres nacidas entre 1960 y 1964 no tuvieron hijos y esto se debe no sólo al grado de estudios que pudieron haber contraído, sino también a la famosa “liberación femenina” a la que estuvieron expuestas. Desde el punto de vista liberal esta conducta podría ser normal, las mujeres tienen derecho a elegir qué hacer con sus vidas, pero cuando esto se convierte en tendencia, ya debe tomarse en cuenta una influencia externa y a mi entender: marxista.

En palabras de Nussbaum, el mundo necesita mujeres emocionalmente sanas y el Estado no es quién para asegurar eso. Una mujer que niegue al matrimonio e hijos (por principio a priori) es una mujer que necesita ayuda no del Estado, sino de un psicólogo.

Se reconoce que las mujeres, por lo general, son quienes dan amor y cuidado en el hogar, las que crían a los niños y atienden al marido. Nussbaum dice que este rol corresponde a una actitud altruista, sacrificadora de sus propios intereses y una destacable sensibilidad hacia las necesidades del otro, por lo que razona con iniciativa voraz en socorrer situaciones particulares de otros.

Este aspecto de la vida familiar de las mujeres no parece estar del todo mal, hasta que ocurre la violencia doméstica (por la presunta sumisión que el rol de cuidadora representa), el abuso marital, la desigualdad en temas como el cuidado de salud, las oportunidades para adquirir títulos universitarios y demás ataques contra la dignidad e individualidad. Sin embargo, la respuesta a la violencia doméstica también está dentro del liberalismo clásico. Una mujer no necesita de una ley especial comunista que la ampare; para eso están la Constitución y el Código Civil, que bastan para defender a un individuo que está siendo maltratado por otro.

Otro aspecto que tiene que ver con la familia es que aparte de esposas y madres, muchas mujeres no saben qué más hacer con sus vidas. La respuesta a la pregunta ¿quién soy? se llena diciendo: soy esposa de…, madre de…, hija de… y se acabó. Betty Friedan, otra influencia feminista, en su famoso libro La mística de la feminidad, dice que le daba miedo llegar a ser como aquellas mujeres que le enseñaron de verdad a respetar su propia inteligencia y a utilizarla, a sentir que tenía un papel que desempeñar en el mundo. En realidad, según relata, nunca conoció a una mujer que utilizara su inteligencia, desempeñara su propio papel en el mundo, amara y tuviera hijos.

Esto se debe a que la mujer en el siglo XX, agobiada por las labores del hogar y el trabajo dejó de cultivar su mente mucho antes de ejercer el voto que, en suma, no tuvo el poder que debió tener a causa de eso.“¡Somos votantes! ¿Y ahora qué?”, se preguntaron. Y ahí entró el Estado benefactor con sus argumentos paternalistas de educación gratuita, ayuda a las minorías y programas sociales, con los que logró que las mujeres entregaran su inteligencia y se dejaran cautivar irresponsablemente por la ayuda social ¿Por qué fueron tan fácilmente seducidas?

De acuerdo con Richard Dawkins en su libro El gen egoísta, existe una “inversión” de la madre más elevada que lo que podría hacer el padre al procrear. El padre solo otorga el 50% de la carga genética con el espermatozoide, mientras que la madre, aparte del 50% de sus genes, también da 9 meses de trabajo para cuidar del feto, unas horas de sufrimiento para dar a luz y otros cuantos años más hasta que su hijo/a pueda defenderse por sí sólo/a. Entonces, es deseable para cualquier mujer que tal inversión tenga éxito, y el socialismo ofrece (sólo ofrece) su cumplimiento, fomentando la idea de que una mujer en plena vida adulta debe aprovechar la reproducción, considerado como el único recursos valioso, despreciando al individuo y a lo que en familia es capaz de hacer.

Yorbis Esparragoza
Soy Licenciada en Filosofía, actualmente me dedico a la investigación desde la doctrina liberal clásica.

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