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Sobre cuándo una sociedad está entrando en un proceso totalitario en las narices de la comunidad internacional: caso Venezuela.

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Sin dudas, es un error creer que la comunidad hemisférica tiene capacidades tanto políticas como de actuación, para resolver el conflicto institucional y social de Venezuela. Y no tiene esas capacidades, en primer lugar, porque el cuerpo legal que la organiza, no está basado realmente en la protección de los derechos individuales ni del libre ejercicio de una democracia verdaderamente sana. En segundo lugar, porque la dirigencia de la oposición socialdemócrata venezolana, que teniendo hoy la mayor preferencia de parte de los ciudadanos, no caracteriza ni comunica de manera adecuada, la situación presente. Súmese a éste cuadro malsano para la vida en sociedad, la pasividad política de los liberales.

El origen de la naturaleza organizacional de los entes regionales.

La Organización de Estados Americanos (OEA), fue creada al fragor de la Guerra Fría (tensión posguerra, 1945 – Perestroika, 1985) y su propósito principal real era instrumentar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que facilitaría el poder hacer frente a una eventual conflagración nuclear de escala planetaria de forma conjunta y, ya en la década de 1960, cerrar filas frente al comunismo revolucionario, en el que Cuba representaba a ese inoportuno furúnculo expansivo en la tersa cara hemisférica que en aquel momento, se debía presentar al mundo desde la tribuna del mundo libre.

Aunque hoy se menciona mucho la Carta Democrática Interamericana, pocos comprenden en el país de qué va la tal resolución hecha en Lima, el 11 de septiembre de 2001. Y se trata sino, de presentar un «impedimento formal» para la participación en cualquiera de las instancias de la OEA, a los representantes del gobierno que se atreviese a romper el orden democrático en su país. En otras palabras, se trata de una expulsión del ente, dicho en lenguaje diplomático. Pero lo que plantea la Resolución-guía de 2011 en torno a expulsar gobiernos no democráticos, ya había ocurrido antes en Punta del Este, con la Resolución VI del 31 de enero de 1962: Cuba fue expulsada de la OEA. El resultado que todos sabemos, es que esa actuación no desembocó en una realidad más democrática para los ciudadanos de la isla, más bien todo lo contrario, porque luego se profundizo la crueldad de la tiranía comunista.

Por su puesto, el argumento principal que al que recurren y siempre recurrirán los representantes de los países «soberanos» que se encuentran en pleno proceso de un golpe de Estado (lento, sistemático e institucionalizado o rápido y violento), es que ninguna organización multilateral tiene jurisdicción en la nación que pretende sancionarse (así esté infringiendo los tratados y las convenciones que refrendó en el pasado); eso es «injerencia en sus asuntos internos».

Así las cosas, pensar que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) va a hacer algo más idóneo por nuestras democracias en general y por la venezolana en particular, es mucho más ingenuo todavía: sobre todo si advertimos qué hay detrás de su Declaración fundacional, en la que se concibe a sí misma como un «espacio regional propio que une a todos los Estados, respetando sus diferencias» entendiendo como «diferencias», no a la diversidad cultural y humana, sino a las interpretaciones a conveniencia que los gobiernos de cada país pudieran hacer de lo que es la democracia. El resultado del advenimiento de la CELAC, fue la liquidación del Grupo de Río (antes, Contadora), cuya capacidad de concertación y actuación política era superior en el objetivo de proteger la democracia y dar soluciones satisfactorias a varios tipos de conflictos a lo interno de los países, porque convocaba a figuras de reconocida moral, influencia y trayectoria en la conducción de procesos de paz. La CELAC, es como una OEA en que la se expulsó a Estados Unidos y a Canadá: el perfecto berrinche latinoamericano inspirado por el chavismo.

Y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), por supuesto que menos todavía tiene ni la moral ni la habilidad que se necesitan para actuar en favor de la democracia y el Estado de Derecho: es un modelo de integración regional cuyo marco filosófico es dictado por el Foro de Sao Paulo, y su arquitecto fue Hugo Chávez. Su función, es llevar a los países suramericanos como bloque unitario en caso de votación en alguna sesión de la OEA, en la que se pretendiera eventualmente, sancionar las actitudes antidemocráticas de alguno de los países de la alianza, que se encontrasen bajo la administración de gobiernos de la nueva izquierda. En la actual crisis venezolana, la UNASUR es una voz absurdamente tenue, que no fija ninguna posición.

La calidad del liderazgo de la oposición socialdemócrata venezolana y la pasividad política de los liberales.

Habiendo triunfado en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, se esperaba del liderazgo de la oposición socialdemócrata venezolana una actitud más audaz, aprovechando la inercia tanto anímica «a favor del cambio» como de desencanto creciente en contra de las políticas públicas del gobierno-PSUV por parte de la ciudadanía. Pero, con el pasar de las semanas, los dirigentes de la MUD fueron disipando las oportunidades de cambio en el estado de cosas, entre declaraciones efectistas y la introducción de debates estériles en la opinión pública. Se dejaron bloquear «institucionalmente» en primer lugar, por la Sala Electoral y, luego, por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que procede como lo haría cualquier otro ministerio del Poder Ejecutivo. En el presente, los líderes de la oposición socialdemócrata venezolana son vistos como «castrados políticos», sin vigor ni determinación: sus seguidores se sienten insatisfechos dadas las altas expectativas no cumplidas que habían generado, apenas, meses después del nombramiento electoral de Nicolás Maduro como presidente en 2013. Los líderes de la MUD, basaron su auge electoral más en la burla de los «malos resultados» del mandato presidencial, que en la promoción de novedosos enfoques sobre cómo debe ser el futuro nacional, que entusiasmaran a la ciudadanía a movilizarse hacia el logro de esas metas. El auge MUDista por desesperación popular (lo único «no chavista» en la oferta electoral, porque los liberales no existen como partido), les permitió ganar ese 6 de diciembre. El resto, es historia.

Hacia el ámbito internacional, el liderazgo opositor socialdemócrata no ha emprendido el proceso de presentación de datos duros que demuestren cómo, sistemáticamente, se ha venido atentando contra el Estado de Derecho y la democracia desde el poder del PSUV, que es cada vez más ilegitimo y coercitivo. En los actuales momentos, pareciera que tanto el PSUV como la MUD se estuviesen lanzando sendos chantajes de poder, (entendiéndolo como relación de B con respecto de A cuando A posee algo que B requiere) que consiste en la cesión recelosa de espacios electorales a la MUD por parte del PSUV, a cambio de «legitimidad democrática» dada al PSUV de cara a la opinión pública mundial, por parte de la MUD en medio de un nuevo reacomodo ideológico del poder político global, que ya no le es tan favorable al chavismo como en años anteriores. Sin embargo, dada la naturaleza protocolar de los organismos internacionales sumada a las aptitudes de la dirigencia de la oposición socialdemócrata y a la pasividad política de los liberales, lo que se tiene como resultado es ésta inhabilidad de la comunidad internacional para hacer lecturas adecuadas en torno a la verdadera situación del país que, por consiguiente, merman la capacidad de una actuación multilateral idónea, que correspondería en las circunstancias actuales.

Recomendaciones

A lo interno

La dirigencia política de oposición (tanto socialdemócrata como liberal) debería emprender una caracterización de la crisis institucional basada en evidencias científicas.

Despolarizar a la ciudadanía, mediante la exposición de las realidades a las que se enfrenta la sociedad, mostrando las relaciones causas-efectos.

Orientar el liderazgo político (tanto socialdemócrata como liberal) hacia la introducción de novedosos enfoques sobre cómo va a ser el futuro del país, presentando un plan de negociación y de reorganización sociopolítica y socioeconómica con objetivos claros y adecuados, que entusiasme a la ciudadanía hacia una movilización generadora de la presión necesaria sobre el establishment como para provocar una solución política que evite la aparición de violencia durante el proceso de reacomodo del Estado, y de cara al futuro.

A lo externo

Los organismos multilaterales deben definir adecuadamente, el concepto de soberanía nacional. Convendría que se iniciara un proceso serio de investigación para el desarrollo de indicadores basados en evidencias científicas, que permitan determinar en el futuro cuándo una sociedad está perdiendo su soberanía ciudadana y está entrando en un proceso totalitario. Los indicadores deberían incluir variables como, por ejemplo: la calidad del sistema de justicia, índices de impunidad, índices de violencia política, económica, fiscal y criminal; índices de encarcelamiento por conciencia política, índices de ilegalización de partidos, obstáculos para la celebración de elecciones directas, secretas y universales, protocolos de auditoría de la administración pública, índices de libertades económicas e índices de respeto a la propiedad privada; así mismo, interesaría embarcarse en los estudios que faciliten la identificación de las patologías más comunes que presentan las democracias modernas mediante el análisis de sus sistemas de partidos, analizando los propósitos estatutarios de cada uno (cuando la mayoría de los partidos son sólo de izquierda o derecha y no hay una proporcionalidad, o promueven ideas tiránicas o de odio por causas políticas, raciales, de género, nacionalidad, entre otros).

Desarrollar un marco de actuación consensuado que, de ser aprobado por la comunidad internacional, facilite la activación de mecanismos eficaces para la solución de crisis políticas, económicas y humanitarias nacionales que pudieran derivar en conflictos regionales o globales.

Raúl E. Marval Palacios
Nacido en Caracas, el 19 de julio de 1979; poeta, ensayista, articulista, político liberal y analista de la industria de los hidrocarburos.

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