Inicio POLÍTICA Diferencias entre protesta ineficaz y proceso transformacional.

Diferencias entre protesta ineficaz y proceso transformacional.

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Ningún caos (inducido o espontáneo) ha podido jamás derrocar a una nomenklatura que se encuentre bien organizada. Algunas de las razones básicas por las cuales el caos, las múltiples protestas, las huelgas parciales o generales, las marchas y contramarchas o las escaramuzas no afectan de ninguna manera a la tiranía, es que ella posee un conjunto de facilidades para la gobernabilidad, a saber: 1) instrumentos legales (empezando por la mismísima Constitución y consumándose con un conjunto de leyes socialistas e injustas), 2) controles ideológicos en los altos mandos paramilitares, militares y policiales, 3) organismos institucionalizados de censura mediática, 4) medios de comunicación que generan tendencias informativas y opináticas, 5) operadores políticos eficaces y, en último lugar, 6) heraldos infiltrados en la sociedad. Las marchas y protestas que se promueven actualmente en Venezuela en contra de su gobierno, por tanto, son ineficaces.

Por otra parte, la dirigencia opositora socialdemócrata que promueve la movilización en las calles de una ciudadanía hastiada, lo hace con el «propósito principal de que la Constitución y un conjunto de leyes socialistas e injustas se cumplan a cabalidad» y, argumenta escuetamente que «los actuales dirigentes de los poderes públicos, no son los idóneos para la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir correctamente dichas leyes», por lo que efectivamente, terminará frustrando a toda esa gente que por estos días, arriesga su integridad física y emocional ante la despiadada represión de la tiranía venezolana, fundamentalmente porque sus esfuerzos no están orientados hacia la intervención de las verdaderas causas de la actual crisis política, económica, social y de valores. Así que, todo seguirá igual. Es muy probable que J. Borges, presidente de la Asamblea Nacional, haya ido a Washington a convencer a la OEA sobre que la MUD tiene todo bajo control y, en torno a los acontecimientos que se están desarrollando, que ellos pueden administrarlos hacia felices términos. Y de todas maneras: los organismos multilaterales no podrían hacer nada más que un conjunto de exhortaciones en torno al regreso a los «parámetros democráticos».

Otro mal resultado que próximamente obtendrá la MUD, es un conjunto de inhabilitaciones políticas, juicios por «traición a la patria» y encarcelamiento de muchas de sus figuras, puesto que ésta coalición de partidos socialdemócratas ha decidido jugar el juego de hacer oposición, con las cláusulas leoninas sine qua non que ha diseñado la tiranía. Ante esta circunstancia hostil para la vida en sociedad, la única solución es iniciar un proceso transformacional de la actuación del liderazgo político, a través de la conformación de un partido político absolutamente disruptivo en torno a una novedosa propuesta de reorganización para el país en los ámbitos jurídico, político, económico e institucional.

El primer paso hacia un verdadero proceso transformacional, es entender que el problema no es económico: es político y judicial. O cómo llegan los restauradores liberales al poder. Yuxtapuesto a los planes de ajuste económico, debe promoverse con premura la reforma judicial del país: una de las razones por las cuales Venezuela no lograría prosperar de cara al futuro, es el régimen jurídico apoyado en la Constitución de 1999, que impera en las relaciones societales. En principio, pareciera que la solución es derogar la Constitución con un proceso constituyente o, tal vez, sólo reformarla o enmendarla. Sin embargo, la salida de momento no pasa por convocar a una Asamblea Nacional Constituyente porque es muy probable que el texto resultante incorpore trazas del marxismo cultural, desarrollado e impulsado en los últimos tres lustros, lo que haría más nocivo el nuevo texto constitucional, que el presente. El ecosistema opinático presente y futuro influiría  en el reacomodo continuo de los paradigmas de las personas en su propósito de sobrevivir—en—paz en el estado de cosas, inducidos por los discursos marxistas y neomarxistas propagados como las «correctas ideas», y que se ofrecen como orientadoras para el desenvolvimiento personal, interpersonal y social, por el poder discursivo, comunicacional y represor de la nomenklatura.

Así las cosas, lo que parece idóneo es, inicialmente, promover el entendimiento de la necesidad de la Reforma del Sistema Judicial, no sólo desde las tribunas de los medios de comunicación y las redes sociales: primordialmente desde la comunidad, desde la calle. Pero dicha reforma, no debe promoverse a tontas y a locas, ni de forma abierta al debate: los liberales por la Restauración Ciudadana, ya debemos tener el plan y sus respectivos manuales de aplicación, listos para enseñarlos, ensayarlos y darlos en doctrina; no para discutirlo como idóneo o no con la gente o con «los expertos» en la materia. El medio de persuasión es simple: debe presentarse con un discurso político—emocional. Los operadores políticos y los heraldos que impulsarían éste plan de la Reforma del Sistema Judicial en cada localidad, deben tener la oratoria del poeta y la practicidad del ingeniero.

Entonces, el actual régimen de justicia socialista, debe ser denunciado enérgicamente y sin tregua, por generar el actual envilecimiento de las relaciones societales, por reforzar la cultura del abuso y por ennoblecer al «vivo» y al corrompido. Al denunciarse el sistema de justicia socialista como la institución—extraviada que más introduce luto en las familias venezolanas hoy por hoy, se penetrará con absoluta certeza en el origen de la violencia en las calles y de los altos índices de criminalidad a los cuales nos hemos mal acostumbrado y, por su puesto, de la bajísima colocación de capitales en el país por parte de los inversionistas nacionales y extranjeros que, por su puesto, no van a asumir riesgos mortales actuando en una sociedad tan rezagada en los procesos de articulación que corresponde a las instituciones obligadas a garantizar el Estado de Derecho, como lo es la nuestra.

Por otra parte, debe denunciarse con inteligencia, el hecho de que el régimen de justicia socialista en Venezuela se ha puesto al servicio de los intereses de los miembros de la nomenklatura para perseguir a sus adversarios, sin timidez alguna. Tanto el Ministerio Público, pasando por la Contraloría General, la Defensoría del Pueblo y terminando en los tribunales y en el Tribunal Supremo, se han dado a la tarea de judicializar un conjunto de órdenes de ciertos dirigentes de la cúpula del partido en el poder, falseando su legítimo propósito republicano. Se puede cerrar ideas en este punto, señalando que el actual régimen de justicia socialista en el país, no observa la única razón que justifica la existencia de cualquier tribunal: suministrar el equilibrio entre el poder y el derecho.

La Reforma del Sistema Judicial, es el ariete de la Reforma Política del Estado, que debe ser aplicada de forma simultánea con las otras incluídos en la agenda de Restauración Ciudadana, que han de promoverse de manera pedagógica y andrológica, para generar sensibilidad y apoyo en torno a ellas. Debe explicarse que la majestad de la República descansa en los tribunales y en sus procesos judiciales. El producto final: la justicia, garantía de la paz, la prosperidad y la civilidad. Se debe ser enfático en que, hasta tanto el Estado central no logre dispensar un sistema de justicia transparente, expedito y orientado a compensación la víctima y que le facilite al agresor, los medios para que cumpla con el desagravio que le corresponde consumar, no tiene sentido que se dedique a otras funciones más allá de la seguridad ciudadana (que descansa en las manos del Poder Judicial), la defensa del país contra agresiones externas, y la construcción de las infraestructuras adecuadas a la integración geográfica del país (ambas, que deben permanecer en manos del Poder Ejecutivo).

Nuestra propuesta, pues, debe elaborar tenaz y adecuadamente, a cada momento y circunstancia, los porqués y los para qué justificantes de la pretensión liberal clásica de concentrar la mayor parte de los recursos fiscales y actividades políticas del Estado central, hacia la Reforma del Sistema Judicial y unos muy notorios resultados finales. Para ello, debemos ganarnos el apoyo de connotados juristas venezolanos que se comprometan con la causa de la justicia de calidad.

Raúl E. Marval Palacios
Nacido en Caracas, el 19 de julio de 1979; poeta, ensayista, articulista, político liberal y analista de la industria de los hidrocarburos.

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