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La antipolítica y su relación con el poder y la libertad

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Hace tiempo entendí que la Política no es necesariamente lo que hacen los políticos de los que he sabido en mi lapso de vida. La Política es una rama de la Filosofía derivada de la Ética. La Real Academia Española la define como:

“La actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”.

Y hace rato entendí también que la antipolítica es perniciosa y es un autoengaño. Una huida de la angustia que nos causa no tener el control pleno de nuestras propias vidas. Una huida que evoca la evasión del niño que recibe un sermón y ante lo cual se tapa los oídos y empieza a cantar: “la la la la la-laaaa”.

“Vamos a limpiar la política siendo políticos limpios”

Cuando oigo que alguien exclama: “¡que ﹤﹤sucia﹥﹥ es la política!” lo entiendo más no lo justifico. Allí me provoca decirle a esa persona con una palmada en el hombro en señal de empatía: “vamos a limpiar la política”.

Situaciones como esa me hicieron identificar una fuente de antipolítica: la decepción, muy común últimamente. Por otra parte, en época de campañas electorales sobre todo, también debes haber notado cierto aura mágico que se trata de asociar a estos individuos. Pero sabemos que los políticos son igual de humanos que nosotros, compartimos el mismo ADN de homo sapiens. Y esto me lleva a hablar del mesianismo en política.

El mesianismo es también una fuente para la antipolítica, al igual que la decepción. Por mesianismo nos alejamos de la política al creer al político depositario de nuestra simpatía un semidiós o mas. Le queremos delegar todo. Por decepción nos alejamos del tema, amargamente nos apartamos de la acción política. Y paradójicamente también, les delegamos todo. Notemos que en ambos casos terminamos huyendo de una responsabilidad: preservar nuestra libertad.

¿Los políticos son malos por naturaleza?

El proceso, que te llevó a la respuesta, espero te haya servido para identificar la causa que consolida al político malo con una institución cuya existencia damos siempre por descontada: el Estado. Si, esa causa es el poder. El tentador poder.

Todas las relaciones humanas son relaciones de poder. No podemos escapar de él. El Dr. Roberto DeVries lo definió como:

“la capacidad que tiene un individuo o grupo de lograr que otros hagan lo que él quiere que hagan y de impedir que otros hagan lo que él no quiere que hagan”.

Visto así el poder, tal capacidad se erige como una herramienta con la cual se puede hacer el bien o el mal. Luego inferirmos que cualquiera, por ejemplo, nuestro jefe, padre, esposa, un funcionario y hasta aquel político que alcanza cierta posición dentro del Estado, a priori, sin tomar en cuenta aún su ideología, tiene iguales opciones para hacer el bien que para hacer el mal.

¿El poder es malo o bueno per se?. Enfatizo: ¡no! . Es solo una herramienta. ¿Qué es lo malo que quiero que notes que está relacionado con el poder?. Piensa en los ejemplos de roles que dí antes:

  • ¿Aquel padre que ejerce poder sobre su hijo puede ejercerlo sobre ti?: ¡No!.
  • ¿Aquella esposa que ejerce poder sobre su marido puede ejercerlo sobre ti?: ¡No!.
  • ¿Tu jefe puede ejercer poder sobre otros cualesquiera?: ¡No!.
  • ¿Aquel político que ejerce poder desde el Estado directamente sobre sus subordinados puede ejercerlo sobre ti y otros cualesquiera?: ¡Si!.

El problema es que hemos permitido, muchas veces sin advertirlo, y se nos ha inculcado mediante propaganda de la educación estatal -a conveniencia del Estado claro está- que ese Estado tiene que acumular mucho poder para así lograr hacer todas sus casi innumerables, y supuestamente buenas, labores.

Otra concepción del Estado es posible

Piensa en lo bueno que sería que puedas vivir tu vida tan tranquila y apaciblemente que olvidaste el nombre del Presidente de la República, pues ese cargo tiene tan poco poder sobre ti, tiene tan pocas atribuciones que no es tan importante quien sea quien lo ocupe. Si acaso sabes que existe, al igual que sabes de la existencia del presidente del condominio del urbanismo donde resides. Imagina: no es alguien que requiera sean forradas las barandas y paredes con afiches de su cara, ni a quien tengas que ver en televisión con un programa propio como si fuese una estrella de rock o un religioso, con 30 guardaespaldas. Es más bien, como ese presidente del condominio. Ese a quien te puedes encontrar un día cualquiera en el transporte público o en un centro comercial, sin que esto signifique gran cosa.

Reflexionemos: ¿y si el Estado en vez de ser una institución magnánima y todopoderosa, acumuladora de poder, la empezamos a ver como a un condominio grande?. Es decir, ¿una institución con tan pocas funciones y atribuciones tales que el ejercicio de políticos malos y sus leyes malas no nos ﹤﹤molesten﹥﹥ la vida?. El cómo se lograría esto es otro tema del que puedo hablarles en una próxima oportunidad, debatible de seguro. Mas bien quiero recalcar ahora nuestra responsabilidad.

Pero: “¿por qué yo?, ¿por qué nosotros?”

Quizás parece injusto que el pintor tenga que disminuir sus horas de pintura por hacer política; que el montañista tenga que dedicar algo de su tiempo en estas cosas en vez de subir montañas; que el ingeniero, el médico, la ama de casa, el deportista etc. hagan lo propio por vigilar y preservar su libertad desde la política con variados grados de compromiso. Total, uno quiere vivir y satisfacer sus necesidades y deseos. Y entre esos deseos puede que no figure la política pero para nada. Es simple, quieres, queremos vivir.

Pero ahí está el detalle: vivir no es suficiente, hay algo más. Hay que ser libres. La mayor libertad posible y conveniente. En las dinámicas relaciones de poder que existen en una sociedad esta necesaria vigilancia nunca se acaba. Y no; a los políticos, sean “mesías” o sean “sucios”, no se les puede delegar esa tarea. Tu tienes que organizarte para procurar tu libertad. Es el precio de vivir en sociedad. El grado de compromiso y la índole de tu aporte los decides tu, obviamente.

“¿Y tú qué propones?”: Libertad

Por todo esto reúno hoy fuerzas y ánimos ante nuestra funesta realidad venezolana y latinoamericana. Una con ciudadanos habituados a la antipolítica y sumidos en una atmósfera -inducida- llena de falacias económicas, históricas y sociológicas y te digo:

Vamos a hacer política, vamos a quitarle poder al Estado descentralizandolo y reduciéndole atribuciones. Aumentemos nuestra libertad.

No hay nada que temer: esas atribuciones se convertirán en servicios que empresas privadas, en competencia y por tanto con eficacia, brindarán a la sociedad. Así elegiremos, tendremos opciones, premiaremos a las empresas efectivas con nuestra elección y compra. Aparte que habrá menos burocracia, menos clientelismo y menos gasto público. Esa es mi respuesta estándar cuando me preguntan: ¿y tu que propones?. La propuesta yace en el Liberalismo.

Si te preguntaste: ¿y los pobres?. Al reducir al Estado, se reduce el gasto público, los impuestos y las alcabalas mediante leyes ﹤﹤sucias﹥﹥ que colocan los políticos ﹤﹤sucios﹥﹥ al emprendimiento que generaría empleos. Y finalmente allí donde no haya rentabilidad siempre estaremos las personas buenas, es decir; la mayoría. Una mayoría para voluntariamente repartirnos en labores benéficas que edifiquen y enaltezcan nuestro espíritu. Una mayoría dispuesta a apoyar económicamente con libertad de criterio a quienes realicen mas eficaz y transparentemente tales labores, como fundaciones, asociaciones, grupos, etc.

En latinoamérica hay un ideal desconocido

No pretendo agotar el tema de la reducción del Estado ni menos el del Liberalismo. Pretendo incentivar tu curiosidad. Hay mucha literatura y mejor aún, muchas experiencias exitosas al respecto -de países en todo el mundo- para que te informes y alcances tu propia opinión con criterio.

La libertad en sociedad nunca es plena. Debemos sacrificar un poco del total al que tenemos derecho para defender y vigilar el resto: ese resto de libertad que nos permite la búsqueda de la felicidad propia y la de los nuestros.

Gustavo Morales
Ingeniero Electricista/ex Prof. Universitario. Afín a la computación, la música, la psicología, la fotografía, la física y el montañismo.

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